Las imágenes grandes ralentizan las descargas y complican las subidas. La compresión ayuda, pero ajustes agresivos pueden difuminar rostros, texto y bordes de productos.
Sube la imagen que quieres reducir y empieza con un valor de calidad equilibrado. Compara la vista previa antes y después en lugar de fiarte solo del tamaño del archivo.
Las fotos suelen tolerar más compresión que capturas o maquetas de interfaz. Mantén las capturas más cerca del rango alto de calidad para que las líneas finas sigan siendo legibles.
Si necesitas un tamaño concreto para un correo o un formulario, comprime por pasos y para cuando alcances el límite con una vista previa aceptable.
Guarda el archivo comprimido con un nombre claro para conservar el original como copia de seguridad para futuras ediciones.